Ellas son las mujeres que han transformado la industria de la moda masculina

No es una sorpresa que gran parte de las colecciones varoniles más icónicas estén bajo la dirección de una mujer.
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La industria del menswear avanza gracias a las provocaciones con las que se enfrenta. Y a la rebeldía con la que toma esos riesgos. Pero hay que detenerse a reflexionar: ¿quién está detrás de muchas de esas transformaciones? Sí, las mujeres han transformado la industria de la moda masculina, sí la industria masculina también es femenina.

Cuando, en 1995, Miuccia Prada presentó su primera colección ready-to-wear para hombres, la industria se detuvo por un momento a reflexionar sobre el papel creativo e innovador de las mujeres en el menswear. Miuccia, nieta del fundador Mario Prada, llevaba ya 25 años trabajando en la empresa familiar, involucrándose en la dirección, pero ella quería dar un paso más y presentar su visión de la moda masculina con la colección.

Utilizando a John Malcovich como el rostro y al fotógrafo Peter Lindbergh como los ojos, Miuccia terminó por convertirse en un estandarte de la industria. Sus diseños, cuyo método y finalidad eran la identificación y pertenencia del que portara la prenda, en plena concordancia con las ideas del que diseña, fueron un golpe de autoridad para la época. Sin duda, un nuevo punto de partida para Prada que encontró otra dirección en su área de menswear gracias al aporte de Miuccia, quien transformó, una vez más, la ropa del hombre.

Años atrás, Véronique Nichanian, directora creativa de la casa de lujo Hermès, ya había dado un paso firme al replantear el aporte femenino en la industria de la moda masculina. Su sólida trayectoria, respaldada por tres décadas de vanguardia, le permitió irrumpir con fuerza en la escena de la sastrería global; su gran ventaja fue su comprensión de la materia prima y el posterior desarrollo de textiles innovadores, manteniendo en cada trazo y puntada el ADN de la firma: el lujo. Su aporte definitivo tanto en el menswear, como en los cambios de la industria, abrió el camino para que más mujeres pudieran provocar transformaciones a los códigos de vestir de los caballeros.

Similar es el caso de Silvia Venturini Fendi, quien lleva poco más de 25 años a cargo de la línea masculina y accesorios en la marca de lujo de su familia. Ella incitó y entendió, siendo pionera, que la gran respuesta estaba en acompañar de cerca la evolución del guardarropa del hombre contemporáneo, aunque aportando un nuevo punto de vista. Uno que partiera de la mirada objetiva femenina, y, ahí, Silvia destacó por su constante exploración de nuevos materiales, pero más por su capacidad de crear a través de una sola pregunta: ¿se ve bien o no?

Donatella Versace también es obligatoria en cualquier recapitulación. Sus distintas colecciones masculinas sobresalieron por el uso de elementos sartoriales (con referencias punk) y un espíritu rebelde que colocó a la firma como una de las favoritas del hombre que busca ir más allá de los límites.

No es una sorpresa entonces que gran parte de las colecciones varoniles más icónicas estén bajo la dirección de una mujer. Aquí y allá. Occidente y oriente. Norte y sur. No hay lugar en la industria masculina donde la mirada femenina no provocara otro avance.

De origen japonés, Rei Kawakubo fundó Comme des Garçons con base en la reconstrucción y asimetría en los diseños. Su propuesta se basó en acercarse al hombre con prendas arquitectónicas, conceptuales y depuradas. Hoy, el emporio de Kawakubo es uno de los conglomerados de lujo más grandes y poderosos del mundo y ocho de sus marcas se especializan, con gran éxito comercial, en menswear, sin sacrificar su visión.

En el mismo tenor está la inglesa Grace Wales Bonner, quien, temporada tras temporada, transgrede las normas con diseños que generan ventas importantes para una firma tan joven. Al año de terminar sus estudios en Central Saint Martins, Wales fue galardonada como Mejor Diseñador Emergente en la categoría masculina, en los British Fashion Awards, y en 2016, recibió el premio LVMH, cuyo jurado estaba integrado por Phoebe Philo, Jonathan Anderson, Nicolas Ghesquière, Riccardo Tisci, Marc Jacobs y, además, Karl Lagerfeld.

Sus propuestas, con una fuerte carga teórica, reinterpretaron las influencias estéticas africanas y europeas, y cuestionaron la masculinidad al poner en jaque diversas convenciones sobre el sexo y la raza. Algo que se repite con la línea para hombres que Stella McCartney presentó, en 2016, bajo su firma homónima; o con Mary Kate y Ashley Olsen, directoras creativa para The Row, quienes se aventuraron a experimentar con materiales exquisitos y siluetas minimalistas para la primera colección menswear en 2018. Ambas consiguieron un sello característico auténtico e identificable a simple vista.

Se podrían escribir directorios y enciclopedias acerca del tema. Y faltaría espacio para nombrar con apellidos y señas los aportes concretos (y también los que no se pueden medir) que la mirada femenina ha traído a los códigos y la ropa de hombre. Transformar, incitar y crear han sido las tareas que han impulsado el cambio y llevado al género masculino a observar, desde otro ángulo, el siguiente paso a la hora de vestir.

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